¿Qué pastor hay entre vosotros…?  Entendiendo la advertencia de Alma

¿Qué pastor hay entre vosotros…? Entendiendo la advertencia de Alma

Publicado el 23 de mayo de 2026

Por: Alvaro Figueroa

Autor: Jose Luis Concha

Estaca Chillán Chile


“¿Qué pastor hay entre vosotros…?” — Entendiendo la advertencia de Alma


Alma enseña con claridad:


“Pues, ¿qué pastor hay entre vosotros que, teniendo muchas ovejas, no las vigila para que no entren los lobos y devoren su rebaño? Y he aquí, si un lobo entra en medio de su rebaño, ¿no lo echa fuera? Sí, y por último, si puede destruirlo, lo hará.” (Alma 5:59)

La imagen es directa. Un pastor verdadero no solo observa a sus ovejas; las vigila activamente. Su atención no es superficial, porque sabe que el peligro es real.


Alma plantea dos acciones concretas del pastor:


  1. Evita que los lobos entren.
  2. Si uno logra entrar, lo expulsa… y si es necesario, lo destruye.


No hay espacio para la tolerancia del peligro. No hay negociación con aquello que amenaza al rebaño.


La analogía: del campo al corazón


Ahora, llevemos esta enseñanza a nuestra realidad.

Si el rebaño representa nuestra vida espiritual, nuestra familia o incluso nuestra mente, entonces la pregunta inevitable es:


¿Qué representa el lobo en nuestra vida?


Un lobo no llega anunciando destrucción. Se acerca con sigilo. Se introduce sin ser detectado. Y una vez dentro, su naturaleza no cambia: vino a devorar.

En términos espirituales, un “lobo” puede ser:


  • Un hábito que debilita progresivamente la fe
  • Contenido o influencias que normalizan lo incorrecto
  • Pensamientos que erosionan la identidad espiritual
  • Actitudes que enfrían el amor o dividen el hogar

Aquí la analogía se vuelve más exigente.


Alma no pregunta qué hace el lobo. Eso ya está claro: el lobo devora, destruye, dispersa.

La verdadera pregunta es otra:


¿Qué hace el pastor cuando detecta al lobo?


Y la respuesta de Alma es radical:

  • No lo observa
  • No lo justifica
  • No convive con élf


Lo expulsa. Y si es necesario, lo elimina.


Si aplicamos esto a nuestra vida, la enseñanza se vuelve profundamente personal:

  • ¿Estamos permitiendo que ciertos “lobos” entren sin resistencia?
  • ¿Hemos identificado cosas que sabemos que dañan, pero que aún toleramos?
  • ¿Estamos actuando como pastores… o como espectadores?

Porque el peligro no está solo en que el lobo exista, sino en permitirle quedarse.


Un pastor verdadero no es pasivo. No observa desde lejos ni reacciona tarde. Vigila. Discierne. Actúa.

En la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el concepto de mayordomía es central: cada persona es responsable ante Dios por aquello que se le ha confiado. En ese contexto, el hogar se convierte en el primer rebaño, y los padres —pero también cada individuo— en sus pastores.

La pregunta de Alma entonces cambia de dimensión:

¿Estoy vigilando lo que entra en mi vida y en mi hogar?


¿Quiénes son los lobos hoy?


Alma advierte que, si el lobo entra, el pastor lo echa fuera. No negocia con él. No lo tolera. No lo justifica.

Hoy, los lobos rara vez se presentan de forma evidente. No siempre parecen peligrosos al inicio. Muchas veces entran disfrazados de entretenimiento, hábitos, ideas o influencias que poco a poco erosionan lo espiritual.

Un “lobo” puede ser cualquier cosa que:


  • Debilita la fe
  • Normaliza el pecado
  • Resta sensibilidad al Espíritu
  • Divide o enfría las relaciones familiares

Y aquí está el punto crítico: los lobos no destruyen el rebaño de inmediato; lo hacen progresivamente.

Por eso la vigilancia no puede ser ocasional. Debe ser constante.


El pastor en el hogar: padres y discípulos


En esta analogía, los padres tienen un rol sagrado. No solo proveen o enseñan; protegen espiritualmente.

Pero la enseñanza de Alma no se limita a ellos. Cada persona también es pastor de su propia alma.

Esto implica una doble responsabilidad:


  • Como padres: discernir qué entra en el hogar, establecer límites, enseñar con amor y firmeza.
  • Como individuos: elegir qué permitimos en nuestra mente, corazón y vida.

Porque incluso en un buen hogar, si una persona decide abrir la puerta, el lobo puede entrar.


Alma no solo advierte del peligro. También señala la solución:


“El buen pastor os llama; y si escucháis su voz, os conducirá a su redil…”

Aquí la imagen se eleva. Ya no hablamos solo de nosotros como pastores, sino de Cristo como el Buen Pastor.

En la doctrina restaurada, Jesucristo guía a través del Espíritu Santo, de las escrituras y de los profetas vivientes. Su voz no confunde, no presiona, no destruye: invita, dirige y protege.


La verdadera seguridad no está solo en detectar lobos, sino en aprender a reconocer Su voz.


Alma concluye con una distinción poderosa:


  • A los miembros: manda esforzarse por cumplir.
  • A los que no pertenecen: invita a venir, arrepentirse y bautizarse.

Esto revela un principio doctrinal clave:

Dios no fuerza. Él manda a quienes han hecho convenio, pero siempre invita con amor a todos.

La protección del rebaño no es automática. Requiere decisión. Requiere acción.


Cada día, de forma consciente o inconsciente, estamos permitiendo que algo entre en nuestra vida.

Algunas de esas cosas nutren. Otras, silenciosamente, destruyen.

La pregunta que Alma plantea sigue vigente:


¿Estamos actuando como verdaderos pastores… o estamos dejando la puerta abierta?


Porque al final, no se trata solo de evitar lobos.

Se trata de elegir a quién seguimos.

Y el Buen Pastor aún está llamando.