
Estaca Chillán Chile
“¿Qué pastor hay entre vosotros…?” — Entendiendo la advertencia de Alma
Alma enseña con claridad:
“Pues, ¿qué pastor hay entre vosotros que, teniendo muchas ovejas, no las vigila para que no entren los lobos y devoren su rebaño? Y he aquí, si un lobo entra en medio de su rebaño, ¿no lo echa fuera? Sí, y por último, si puede destruirlo, lo hará.” (Alma 5:59)
La imagen es directa. Un pastor verdadero no solo observa a sus ovejas; las vigila activamente. Su atención no es superficial, porque sabe que el peligro es real.
Alma plantea dos acciones concretas del pastor:
No hay espacio para la tolerancia del peligro. No hay negociación con aquello que amenaza al rebaño.
Ahora, llevemos esta enseñanza a nuestra realidad.
Si el rebaño representa nuestra vida espiritual, nuestra familia o incluso nuestra mente, entonces la pregunta inevitable es:
¿Qué representa el lobo en nuestra vida?
Un lobo no llega anunciando destrucción. Se acerca con sigilo. Se introduce sin ser detectado. Y una vez dentro, su naturaleza no cambia: vino a devorar.
En términos espirituales, un “lobo” puede ser:
Aquí la analogía se vuelve más exigente.
Alma no pregunta qué hace el lobo. Eso ya está claro: el lobo devora, destruye, dispersa.
La verdadera pregunta es otra:
¿Qué hace el pastor cuando detecta al lobo?
Y la respuesta de Alma es radical:
Lo expulsa. Y si es necesario, lo elimina.
Si aplicamos esto a nuestra vida, la enseñanza se vuelve profundamente personal:
Porque el peligro no está solo en que el lobo exista, sino en permitirle quedarse.
Un pastor verdadero no es pasivo. No observa desde lejos ni reacciona tarde. Vigila. Discierne. Actúa.
En la doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el concepto de mayordomía es central: cada persona es responsable ante Dios por aquello que se le ha confiado. En ese contexto, el hogar se convierte en el primer rebaño, y los padres —pero también cada individuo— en sus pastores.
La pregunta de Alma entonces cambia de dimensión:
¿Estoy vigilando lo que entra en mi vida y en mi hogar?
Alma advierte que, si el lobo entra, el pastor lo echa fuera. No negocia con él. No lo tolera. No lo justifica.
Hoy, los lobos rara vez se presentan de forma evidente. No siempre parecen peligrosos al inicio. Muchas veces entran disfrazados de entretenimiento, hábitos, ideas o influencias que poco a poco erosionan lo espiritual.
Un “lobo” puede ser cualquier cosa que:
Y aquí está el punto crítico: los lobos no destruyen el rebaño de inmediato; lo hacen progresivamente.
Por eso la vigilancia no puede ser ocasional. Debe ser constante.
En esta analogía, los padres tienen un rol sagrado. No solo proveen o enseñan; protegen espiritualmente.
Pero la enseñanza de Alma no se limita a ellos. Cada persona también es pastor de su propia alma.
Esto implica una doble responsabilidad:
Porque incluso en un buen hogar, si una persona decide abrir la puerta, el lobo puede entrar.
Alma no solo advierte del peligro. También señala la solución:
“El buen pastor os llama; y si escucháis su voz, os conducirá a su redil…”
Aquí la imagen se eleva. Ya no hablamos solo de nosotros como pastores, sino de Cristo como el Buen Pastor.
En la doctrina restaurada, Jesucristo guía a través del Espíritu Santo, de las escrituras y de los profetas vivientes. Su voz no confunde, no presiona, no destruye: invita, dirige y protege.
La verdadera seguridad no está solo en detectar lobos, sino en aprender a reconocer Su voz.
Alma concluye con una distinción poderosa:
Esto revela un principio doctrinal clave:
Dios no fuerza. Él manda a quienes han hecho convenio, pero siempre invita con amor a todos.
La protección del rebaño no es automática. Requiere decisión. Requiere acción.
Cada día, de forma consciente o inconsciente, estamos permitiendo que algo entre en nuestra vida.
Algunas de esas cosas nutren. Otras, silenciosamente, destruyen.
La pregunta que Alma plantea sigue vigente:
¿Estamos actuando como verdaderos pastores… o estamos dejando la puerta abierta?
Porque al final, no se trata solo de evitar lobos.
Se trata de elegir a quién seguimos.
Y el Buen Pastor aún está llamando.