
Autor : Alvaro Figueroa Z.
A menudo, cuando analizamos textos antiguos, buscamos la perfección literaria como señal de divinidad. Sin embargo, en el estudio crítico del Libro de Mormón, son precisamente las "imperfecciones" humanas las que ofrecen una de las pruebas más fascinantes de su origen material auténtico.
El versículo de Alma 24:19 contiene una frase que, a primera vista, parece un error de redacción o una traducción torpe. No obstante, bajo la lupa de la epigrafía (el estudio de inscripciones antiguas) y la mecánica de escritura en metal, este versículo se transforma en una evidencia potente que atestigua la realidad física de las Planchas de Oro.
Leamos detenidamente el pasaje tal como se encuentra hoy en el Libro de Mormón:
“Y así vemos que cuando estos lamanitas llegaron a conocer la verdad [...] prefirieron padecer hasta la muerte antes que pecar; y así vemos que enterraron sus armas de paz, o sea, enterraron sus armas de guerra en bien de la paz.” — Alma 24:19
Aquí nos encontramos con un tropiezo cognitivo del escritor. Escribe "armas de paz", una contradicción en los términos (un oxímoron involuntario). Inmediatamente, se da cuenta del error y lo corrige: "o sea, enterraron sus armas de guerra en bien de la paz".
¿Por qué es esto relevante?
Para entender por qué este error sobrevivió siglos, debemos comprender el medio físico y su valor estético. Mormón no escribía sobre papel desechable, sino sobre metal precioso.
En el Testimonio de los Ocho Testigos, aquellos que tuvieron el privilegio de ver y palpar el registro físico, se hace una declaración crucial sobre la apariencia de las planchas. Ellos testificaron:
"...las hemos palpado con nuestras manos; y también vimos los grabados que contenían, todo lo cual tiene la apariencia de una obra antigua y de hechura exquisita."
La frase "hechura exquisita" denota un trabajo artesanal de alta calidad, cuidado, lujo y belleza técnica. Si el grabador hubiera optado por tachar, raspar o golpear el metal cada vez que cometía un error (como escribir "armas de paz"), el resultado habría sido una lámina llena de borrones y cicatrices visuales que arruinarían esa obra "exquisita".
Para mantener la integridad visual y la belleza del grabado, el escritor antiguo no podía dañar la plancha tachando el error; debía dejarlo allí y corregirlo gramaticalmente con una frase conectiva ("o sea").
El propio texto del Libro de Mormón es autoconsciente de estas limitaciones físicas. Los profetas-escritores no solo luchaban contra el espacio limitado, sino contra la resistencia del material. El profeta Jacob es explícito al describir esta ardua labor en Jacob 4:1:
"...y no puedo escribir sino un poco de mis palabras, por lo difícil que es grabar nuestras palabras sobre planchas".
Esta dificultad física aumentaba la probabilidad de errores mentales por la fatiga o la concentración requerida en el cincelado. Conscientes de que la falibilidad humana quedaría grabada permanentemente en el metal, los autores incluyeron advertencias específicas para los lectores futuros. En la misma Portada del Libro de Mormón, se advierte:
"Y ahora bien, si hay faltas, son errores de los hombres; por tanto, no condenéis las cosas de Dios..."
El "error de hombre" en Alma 24:19 es precisamente eso: un error humano preservado por la necesidad técnica.
El erudito Royal Skousen, en su análisis del Critical Text Project, identifica este fenómeno en Alma 24:19 como una "corrección inmediata".
Si José Smith hubiera estado inventando el libro y dictándolo como una novela de ficción, la escena habría sido muy diferente. Al decir "armas de paz", José se habría detenido y dicho: "No, espera Oliver, eso no tiene sentido. Tacha eso. Escribe: armas de guerra para la paz". En un dictado creativo moderno, el escriba solo anota la versión final. El error nunca llega al papel.
Sin embargo, el error está ahí. La única razón lógica es que José Smith estaba traduciendo un texto inmutable que ya contenía la corrección gramatical porque la corrección física era muy dificil.
La frase "armas de paz" en Alma 24:19 no es un descuido de la traducción; es una ventana a la dificultad mecánica de grabar en oro antiguo.
El hecho de que el texto preserve la torpeza de una corrección forzada, en lugar de presentar una narrativa pulida y editada, valida dos cosas:
Es una evidencia interna de que el texto proviene de un medio físico donde los "errores de los hombres" eran permanentes, tal como advierte la Portada del libro.