De la Soledad a la Unidad: El Altar de Lehi y la Fe Familiar

De la Soledad a la Unidad: El Altar de Lehi y la Fe Familiar

Publicado el 3 de abril de 2026

Por: Alvaro Figueroa

Autor: Alvaro Figueroa Z



Introducción

En el relato del Libro de Mormón, un detalle aparentemente menor revela una profunda verdad sobre el liderazgo espiritual y la fe familiar. Cuando Lehi huye de Jerusalén al desierto, él solo edifica un altar y ofrece sacrificios al Señor (1 Nefi 2:6-7). Sin embargo, más adelante vemos a toda la familia participando en la adoración (1 Nefi 5:8-9). Esta progresión no es accidental; es un testimonio del proceso por el cual la fe personal se convierte en convicción familiar.





El Altar Solitario

"Y aconteció que edificó un altar de piedras, e hizo una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios" (1 Nefi 2:7).

Cuando Lehi edifica este primer altar en el desierto, lo hace solo. El texto no menciona la participación de Sariah ni de sus hijos. Este es un momento profundamente personal entre Lehi y Dios. Como padre y líder espiritual, Lehi actúa sobre su propia revelación y convicción, agradeciendo al Señor por haberlos librado de Jerusalén.

Este acto solitario refleja una realidad común en el liderazgo espiritual: a menudo, quien recibe la visión debe caminar primero en fe, incluso cuando otros aún no comprenden completamente o no comparten la misma certeza.





La Crisis de Fe de Sariah

La soledad inicial de Lehi en su adoración se hace más evidente cuando consideramos la crisis que enfrentó Sariah. Cuando sus hijos tardaron en regresar de Jerusalén, ella "se quejó contra [su] marido" diciendo:

"He aquí, tú nos has sacado de la tierra de nuestra herencia, y mis hijos ya no existen, y nosotros perecemos en el desierto" (1 Nefi 5:2).

Sariah no había recibido la misma revelación directa que Lehi. Ella había seguido a su esposo basándose en la confianza, pero no en su propia certeza. Esta es una situación que muchas familias enfrentan: un miembro recibe dirección espiritual que requiere sacrificios de toda la familia, pero no todos tienen el mismo nivel de convicción inicial.





El Momento de Transformación

Todo cambia cuando los hijos regresan exitosamente con las planchas de bronce. En ese momento, Sariah declara:

"Ahora sé con certeza que el Señor ha mandado a mi marido que huya al desierto; sí, y también sé de seguro que el Señor ha protegido a mis hijos" (1 Nefi 5:8).

La repetición de las palabras "con certeza" y "de seguro" es significativa. Sariah ya no está simplemente siguiendo; ahora tiene su propio testimonio. La experiencia tangible de ver la protección y el poder de Dios actuando en sus hijos le proporciona la evidencia espiritual que necesitaba.






La Adoración Unida

El contraste con el altar solitario de Lehi es sorprendente:

"Y aconteció que se regocijaron en extremo, y ofrecieron sacrificios y holocaustos al Señor; y dieron gracias al Dios de Israel" (1 Nefi 5:9).

Ahora es "se regocijaron" (plural), "ofrecieron" (plural), "dieron gracias" (plural). La familia completa está unida en adoración. El altar ya no es solo de Lehi; es el altar familiar.





Lecciones para Nuestro Tiempo

1. La Fe Personal Precede a la Fe Familiar

Lehi no esperó a que su familia compartiera completamente su visión antes de actuar. Edificó su altar y adoró a Dios basándose en su propia revelación. A veces, el liderazgo espiritual requiere dar el primer paso en solitario, confiando en que otros eventualmente recibirán su propio testimonio.

2. El Testimonio No Puede Prestarse

Sariah necesitaba su propia experiencia con Dios. No fue suficiente que Lehi tuviera un testimonio; ella necesitaba el suyo. Los padres, líderes y maestros pueden compartir su fe, pero cada persona debe llegar a su propio "ahora sé con certeza".

3. Las Experiencias Compartidas Fortalecen la Unidad

La familia de Lehi se unió en adoración después de experimentar juntos la protección y el poder de Dios. Las pruebas compartidas y las respuestas colectivas a la oración pueden transformar la fe individual en convicción familiar.

4. La Paciencia en el Proceso

Desde el primer altar solitario hasta la adoración familiar, pasó tiempo. Hubo dudas, quejas y momentos difíciles. El proceso de edificar fe familiar no es instantáneo; requiere paciencia, experiencias espirituales y la1 disposición de permitir que cada persona tenga su propio encuentro con lo divino.





Conclusión

El altar de Lehi comenzó como una expresión solitaria de gratitud y fe. Pero con el tiempo, a través de experiencias reales del poder de Dios, se convirtió en el altar de toda la familia. Esta progresión nos enseña que mientras el liderazgo espiritual a veces requiere caminar adelante en fe solitaria, el objetivo final es una familia unida en adoración y testimonio.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿Estamos dispuestos a edificar nuestro altar incluso cuando estemos solos? Y cuando otros aún duden, ¿tenemos la paciencia y la fe para permitirles su propio proceso hacia el "ahora sé con certeza"?

El viaje de Lehi nos recuerda que la fe familiar más fuerte no es la que se impone, sino la que se cultiva a través de experiencias compartidas con Dios, permitiendo que cada miembro de la familia llegue a su propio testimonio seguro.